The first requisite of an English translation is that it be English.
— B. Jowett

Traducciones legales

La traducción jurídica es una de las tareas más exigentes para el traductor. Exige la creatividad necesaria para la traducción poética y los términos exactos y precisos  necesarios para definir lo abstracto. Las dificultades son evidentes: los sistemas legales de los países son afortunadamente, diferentes; y los términos legales están por su misma naturaleza, sometidos a la incongruencia. Las diferencias entre uno y otro sistema legal son el resultado de experiencias históricas y de tradiciones legales.

Esta asimetría en los sistemas legales resulta a veces, en conceptos casi pero no completamente, equivalentes, y en ocasiones, vacíos, sin ningún significado. Dado que muchas expresiones en el idioma del texto de origen pueden no tener un significado preciso en el idioma de destino, una traducción literal sufre el riesgo cierto de no tener sentido. El remedio es con frecuencia, reproducir la expresión original entre corchetes, con una nota anexa del traductor.

El propósito de la traducción legal es crear un texto que sea interpretado del mismo modo por los juristas del idioma de destino, tal como lo sería en el sistema legal del idioma traducido. Para lograrlo no hay que eliminar las diferencias lingüísticas y legales, sino adaptarlas sin reservas. El desafío es evocar el texto legal como un fragmento de un sistema jurídico vivo, dándole su exacto sentido. Para conseguirlo es necesario realizar una interpretación informada del sistema legal extranjero, lo que exige comprenderlo. Una adecuada traducción legal exige lucidez. Siempre.

Frente a esta dificultad, el resto de los obstáculos que se atribuyen a los textos legales son intrascendentes: el uso de términos propios es una necesidad impuesta por la abstracción de los conceptos legales, los lamentos sobre el lenguaje repetitivo u ofuscado pueden dirigirse a cualquier disciplina, la redundancia, un mal remedio para evitar la ambigüedad, y el uso de fórmulas de estilo, una tradición fácilmente superable.

Hay un supuesto obstáculo que es sin embargo, infamante: Los textos legales están tan bien o mal escritos como clara o confusa sea la mente de su autor. Muchos de los textos más apasionantes que he leído, se hallan en Hansard —los registros taquigráficos del Parlamento inglés. Dejan una marcada impresión de querer saber más:

“… What were the present regulations about flogging? It limited the number of lashes to forty-eight; but he had been told by a naval officer who had seen as much service as any hon. and gallant Member in that House, and by others who had encountered the "battle and the breeze" in all their most imposing character, that forty-eight lashes inflicted in the navy were equal to, at the lowest estimate, 200 lashes on the soldier. Common sense pointed out that this must be so. The soldier was flogged with a cat-o'-nine-tails composed of small twine, and the punishment was inflicted by a drummer boy. In the navy, the cat with which the sailor was flogged was made of thick cord, and it was applied by some brawny stalwart boatswain's mate, perhaps the strongest man in the ship. The commander stood by at the time of punishment to see that the man laid on with sufficient severity, though it made the blood flow from every pore. Not content with this, commanders—he had been told the circumstance by naval officers, and would prove the fact before a Committee—had ordered the mate to be changed between every dozen or eighteen lashes, that the flogging might be administered throughout with sufficient strength. It was not so in the army...”

Naval Courts-Martial and Flogging Sailors
HC Deb 20 July 1846 vol 87 cc1339-40

‘The original is unfaithful to the translation.’
— Jorge Luis Borges